Vivencias de un Club , colaboraciones literarias de autor anónimo. (Anónimo, no insistan)
Aviso: Pese a que el lenguaje vertido en esta sección puede resultar "ofensivo" todas las palabras aquí escritas se encuentran en el diccionario, por lo tanto hasta que la Real Academia no las saque, yo tampoco.
Grandes personajes han transitado por las filas de nuestro glorioso club, pero muy pocas han generado una leyenda a su alrededor antes de alcanzar los 25 años de edad. Este es el caso del carismático Gonzalo Gini Yanes.
Gonzalo desciende de una familia de gigantes con genética diversa, que al unirse crearían una abominación solamente comparada al monstruo que diera vida el Dr. Frankenstein. Por un lado, su abuelo paterno es descendiente directo del mismísimo Pie Grande (Yetti), mientras que su madre fue distinguida en la década del 80 como “la mujer más inteligente” de Tacuarembó. Un Dios caprichoso y con mucho sentido del humor querría que semejantes genes se juntaran y que dieran vida a Gonzalito.
Ninguna foto de la infancia de Gonzalo tiene su cara. No es porque el fotógrafo haya querido proteger la identidad del niño, sino porque el cuarto donde tomaban la fotografía no era lo suficientemente grande para que Gini pudiera entrar de cuerpo entero. En la jardinera del Colegio Alemán, Gonzalo pudo aparecer de cuerpo completo. La fotografía, que cuelga de muchos corchos, muestra a un grupo de niños con sus túnicas a cuadritos celestes y blancos, sonrientes, y, medio metro por encima de éstos y al lado de la maestra, aparece una cara pálida y seria, que es la de Gonzalo. Lo cierto es que Gonzalito no tuvo mejor idea que olvidar su túnica justo el día en que el fotógrafo iba a tomar la primera foto en la historia de la clase. Ese fue el primero de los múltiples hechos traumáticos en la vida de Gonzalo, un niño tímido que en su interior escondía una fuerza increíble.
Por esas fechas supimos que Gonzalo había tenido un accidente. A él le encantaba que su padre lo tirara para arriba una y otra vez. El tema es que su padre mide 1,90 y en uno de los pedidos de Gonzalo de que lo arrojaran “más alto”, el padre de Gini no pudo controlar sus fuerzas y tiró al pequeño gigante demasiado alto, para que Gonzalito se estrellara contra el techo y perdiera el conocimiento.
El siguiente hecho de este tipo tendría lugar en quinto de escuela, cuando luego de la clase de gimnasia, llegó el momento del baño. Cuando Gini se bajó el pantalón de jogging color gris, quedó con un slip violeta que no podía esconder semejante ejemplar. Los niños a su alrededor (que en realidad tenían su misma edad) lo miraban sorprendidos y le preguntaban por aquel monstruo y por la cantidad de pelusilla que se asomaba por la entrepierna, axilas, pecho e incluso cara. El pobre Gini no pudo esconder su vergüenza y se tapó rápidamente con una toalla, que desgraciadamente era demasiado chica para su cuerpo. El rumor se corrió como reguero de pólvora en las cuatro clases del alemán y el mito alrededor de Gonzalo nació.
En ese año Gonzalo sufriría un nuevo accidente, también a manos de su padre. Mientras el mayor de los Gini sacaba el jeap del garaje de la casa, el tarado de Gonzalo no tuvo mejor idea que colgarse de la rueda auxiliar mientras su padre daba marcha atrás. En un hecho histórico que ningún científico ha podido esclarecer, la fortaleza de sus brazos falló y Gonzalo quedó tendido en el suelo boca arriba para que su padre arrollara su pie derecho con la rueda del vehículo. Gonzalo estuvo 3 meses con un yeso, la tibia y el peroné se hicieron polvo.
En los primeros años de la secundaria la conducta de Gini dejaba mucho que desear y era constantemente expulsado de las aulas. Los profesores le decían, una y otra vez “Herr Gini es el más inteligente de todos, entonces molesta al resto en clase porque sabe que igual le va bien. Es un mal compañero. Gini, RAUSS! (AFUERA!)”. En una clase de alemán, mientras la profesora realizaba una lectura, se escucha desde el fondo del salón, y de la nada, “Quiero más, quiero jugo de ananá”. Todos se dieron vuelta extrañados y era Gini, que se mecía en su silla, riendo a carcajadas. Más tarde explicaría que ese reclame de Tang le causaba mucha gracia. Una vez afuera del salón, la cabezota de Gini aparecía por la ventana, con cara de cachorrito, y rogaba “ah, dejame entrar, prometo que me porto bien”.
Muchos intereses ha tenido Gini en su vida pero hubo uno que marcó su adolescencia: la música. En segundo y tercero de liceo Yummy pasaba todas las tardes escuchando a su ídolo musical, Steven Tyler, vocalista de Aerosmith. Si mal no recuerda este cronista ese año se estrenó Armaggedon y Gini fue a verla al cine unas cinco veces y pasaba todos los recreos del liceo con el walk-man escuchando “I don´t want to miss a thing” y cantaba por los corredores… De hecho, su fanatismo por el bocacha blondo se hizo tan traumática que comenzó a llevar en su billetera, una foto de Steven. Cuando Gini creía que nadie lo estaba mirando sacaba la fotografía, la contemplaba y le daba besos. Y cuándo lo descubrían, se defendía argumentando que el loco “tenía terrible facha”.
Una noche, la sub 19 de Pucarú jugaba contra el Old Boys en la cancha de los segundos (obvio) y el partido era dominado por los de rojo. La lluvia y el viento azotaban los árboles alrededor y el partido se hacía más y más friccionado. En una jugada concreta que termina con un scrum para Pucarú, Gini se acerca a un compañero de equipo:
-Joaco, mirá lo que me pasó –exclamó Gini, tranquilo, mientras señalaba con su índice que una de sus paletas se había partido a la mitad.
-Pa, ¿y qué querés que haga, Gini? –respondió el compañero sin saber qué mierda hacer.
-¿Pero me vuelve a crecer, no? –Preguntó Gonzalito con los ojos bien abiertos y moviendo su cabeza hacia arriba y abajo.
-Ehh, claro, Gonza, obvio.
Y Gini fue a formar el scrum.
Fue recién a sus 19 años que Gini realmente comprendió la fuerza que albergaba e su interior. Comenzó a ejercitarse exageradamente en el gimnasio y el espejo de su casa se convirtió en su mejor amigo. Cuenta su hermano Pablo (Mi vida con Gonzalo, Gini, Pablo, Ed. Sudamericana, 2001) que muchas veces entraba al cuarto de su hermano menor y éste estaba postrado en la cama con espejo en mano mirando su reflejo. Otras veces, que Yummy se sacaba fotos con su cámara digital y las bajaba a la máquina para hacer zoom de sus músculos.
Si bien Gini siempre fue un muchachito de perfil bajo y tranquilo, en el bachillerato tuvo algunos encontronazos con sus pares del Alemán. Terminado un examen de física que Gini había aprobado con la mejor nota, un tal Sapelli salió puteando porque había marchado, muy molesto con el profesor. Gini defendió al profesor y dijo a Sapelli que había perdido porque “era un burro” y que debía dejar de llorar como nenita, mientras se reía en su cara, ante la desgracia de Sapelli. La rabia de Sapelli explotó en un puñetazo que logró conectar con la mandíbula de High Tower. Gini no se movió. Lo miró fijo, dio una última pitada a su cigarrillo, lo tiró al piso y lo apagó con la punta de sus Nike blancos. Miró nuevamente a Sapelli y le dijo mientras lo señalaba con el dedo índice: “vos, estás muerto”. Acto seguido lanzó siete piñazos que hicieron que Sapelli se arrinconara contra un vehículo estacionado en la calle Soca. Gini siguió remando al adversario y era evidente que éste terminaría en la calle, cuando intervinieron 3 compañeros que pudieron calmar a la bestia.
Más allá de episodios de este tipo, la ternura de Gini solamente es comparable a Bambi o Dumbo. Cuentan las malas lenguas que desde los 12 años Gini cuida a un osito de peluche marrón, al que llama “Toto”. Parece que fue un regalo de su madre cuando Gonzalo se rompió la pierna con el jeap. En la soledad de su cuarto, Toto se convirtió en su único amigo, en su única compañía. Por eso, muchas veces Gianni siente la obligación de faltar a práctica, de llegar tarde a los partidos o irse del entrenamiento antes de que termine: es que siente que Totito lo está llamando y debe correr a su encuentro.
Faltan muchas anécdotas de este mítico segunda línea de PSG, sobre todo un hecho escalofriante que Gini confesó en una previa en el hotel de Buenos Aires este año. Lamentablemente, dichos hechos son de naturaleza demasiado íntima para que puedan quedar a la vista de todos…
Como intento por meter algo de presión a la Comisión Directiva para que mueva este asunto, este periodista, paladín de los indefensos, hace tiempo que viene realizando una investigación sobre las diferentes Sedes que ha tenido el club PUCARÚ, por un lado; y el Club Stade Gaulois , por otro, antes de fusionarse.
Comenzaremos por el club de origen francés. La sede del Stade Gaulois se conformaba en el Club House con el que contaba la prestigiosa institución en su cancha. Básicamente era una construcción de bloque, con tres habitaciones: una de ellas era el baño, identificado por la pelela rosa que se ubicaba al centro del cubículo y el papel higiénico a medio usar; la segunda habitación estaba cerrada con cadenas y candados y se oían gritos de niños desde allí; y la tercera era la habitación de Darío, llena de electrodomésticos, sobre los cuales nunca nadie resultó vivo luego de intentar averiguar sobre su origen.
Un día, el gobierno francés, haciendo actividades de asistencia social en barrios marginados, vio el cartel del club escrito en un francés fulero –cartel de similares características al que se utiliza en los kioskos para poner “Hoy Juega”- , demandó a los responsables por uso ilegal del idioma, y se quedó con todo –electrodomésticos incluidos-.
Por el lado de los de Punta Carretas, la historia es más larga.
La primera sede se constituía en la vereda de Berro y Solano Antuña, más precisamente en los metros que pertenecían al almacenero de la esquina. Todo iba bien con ese predio hasta el día en que alguien ganó el juego de romper –con un drop- el vitró de la ventana de la casa de enfrente, entretenimiento que distraía a los muchachos las mañanas de domingo. En esos tiempos, Luis Ara caía en skate a los partidos, pese a que desde su casa fuese sólo subida. Así comenzaban a manifestarse sus primeros síntomas de idiotez.
Luego la mudanza fue hacia ParkGym, la intención del técnico era que al menos por cercanía, alguno comenzase a hacer fierros. Lejos de lograr su objetivo, hubo varios inscriptos a las clases de aerostep, y especialmente a las de tonificador de glúteos. La decisión de cambiar de lugar de reunión se vio forzada por una turbia situación que involucraba sustancias non sanctas entre los profesores del gimnasio, algunos de nuestros gurises que se vieron inmiscuidos en esos prolegómenos, y el Chivo que rompió una ventana carísima intentando levantar 15 Kg. de pecho (levanta la barra, engancha la ventana abierta, zafan las visagras, se rompe el vidrio, patada en el culo)
Luego pasamos a la conocida sede en Brito del Pino, de espectacular arquitectura, y con una estatua viviente en la puerta (León). Esa sede logró ser algo más que un lugar de encuentro: fue gimnasio, casa de citas, parrillada, club de ping-pong, hogar de algunos, y otras cosas más. Cabe rescatar el espíritu solidario que reinó en esa época, mediante el cual se mantenía una vigilancia las 24 hs. del día, viendo a la noche, en horarios sacrificados, a Luciano, al Topo, al Moro, tirados en el sillón, o en el banco de pecho inclinado.
Esa sede contó con la organización administrativa que introdujo la presencia de una secretaria, que brindó sus servicios a todos los inscriptos en el club sin distinción de raza, color y credo.
El servicio de Restaurant fue excelente, y de no ser por los pequeños roces que se generaron entre el parrillero y el resto del club (heladeras encadenadas, alacenas rotas a patada limpia, mensajes de amenaza de muerte), el negocio hubiese dado sus frutos.
Fue allí donde también se generó una fuente de empleo para algunos jugadores. Fue el caso de quien comenzó con la repartida de escolares a los colegios, reconocido empresario hoy, y de no ser por el hecho de que los chiquilines llegaban a 20 minutos de terminar las clases, y algunas niñitas sin sus pantaletas, hubiese sido otro negocio con futuro.
Finalmente se llega a la sede de Lamas y Libertad. El reciclaje de la obra, a cargo de Oscar Ferrari, priorizó antes que nada la realización de una gran heladera abierta, hecha de bloque, para enfriar la bebida amarilla. Una vez finalizada esta parte de la obra, se dejó todo por la mitad y se procedió a ocupar. La convivencia en esta sede fue mucho más civilizada que en la anterior, y hasta incluso se contó con la cantina en la cual se vendía desde alfajores a latas de Nescau, remeras de Nascau, la Guía Joven del 91, un protector bucal casi sin uso, y medias del club. Luciano montó también su tienda ambulante de ropa QuickSilver “original”.
Esta sede albergó años de buena convivencia, fiestas y un espacio de reunión.
Sería bueno volver a pensar en algo así para este nuevo club.
En nuestra columna inauguración a la nueva página de este prestigioso equipo, y coincidiendo con las fechas del año que concentran su atención en la preparación del jugador de rugby, hemos decidido acercarles las enseñanzas del muy querido y siempre mal recordado, Ivan Puy (Ivañoly, para los amigos).
Clásico es ver a los nuevos entrenadores ensayar técnicas de juego ayudados por materiales de alta tecnología como los conos, bolsas de tackle o escudos. Cual mariquitas de dos años, se oye a los pilares sollozar porque “el burro no tiene almohadillas”; o a otros jugadores quejarse porque no hay escudos de polifón para golpear en los ejercicios. Todas estas cosas indignaron desde un principio a Ivañoly quien prefería poner mochilas en lugar de conos (mejor si eran robadas en el Valentín Martínez), practicar sin hombreras ni casco –él incluso era partidario de practicar el deporte semidesnudo, algo que sólo su discípulo más fiel (“El Topo”) hacía -, y hasta fue difícil de convencerlo de la conveniencia del protector bucal, del cual renegaba por cuestiones higiénicas.
Así se impuso como un entrenador “diferente”, término que otros prefieren suplantar por “burro”. Sus backs entrenaban en cuadrados de 10 metros de lado cómo desplegarse para definir una jugada que venía de 15 fases, todas y cada una de ellas protagonizada por El Topo*. Aunque parezca descabellado para nuestro rugby moderno, el jugador predilecto del equipo debía penetrar cerca de ruck, caer el suelo tackleado, liberar la pelota, y al tiempo que los otros siete peras pasaban como corderitos, El Topo debía intentar pararse por entre las piernas de sus compañeros, salir gateando y tomar carrera nuevamente para penetrar. Esto durante 15 veces, para luego desplegar con los backs.
En el mismo sentido, los maul de Ivañoly tenían una peculiaridad: se hacían de pie, nada de andar agachándose y mostrando las nalgas al rival (eso se veía sin dudas como una provocación), los tres primeros tipos no portaban la pelota, sino que eran el escudo de los golpes del rival (tarea que esencialmente cumplían Tadeo, el Bolita y Danielito), el portador iba en el medio del maul, escondido, agachado y silbando alguna tonada, mientras que los restantes lo rodeaban simulando poseer la pelota, y hasta en algún caso la llevaban.
Otro aspecto de notable revolución en el ambiente fue el conocido “Ramillete”. Cuando Ivañoly pronunciaba esta palabra, los forwards de su equipo, todos y cada uno de ellos con problemas de deficiencia mental, pasaban el ruck juntitos como uvas, metáfora utilizada por Ivañoly para denominar el estilo. Sobre terminologías, siempre fue sabida su reticencia a negar toda palabra proveniente del idioma sajón. Así, él no hablaba de “maul” sino de “volante”; no decía “knock on” sino “se le cayó para adelante, Crochi, la concha de la lora!!!”; o no decía “scrum” sino “Maguila, derrumbalo!!!!” gesticulando con su brazo.
Pero no todo tiempo fue de rosas para el gran técnico Ivañoly. Hubo momentos difíciles, como cuando encaró a su plantel y les anunciaba su retiro: “Yo no me bajé del barco, ustedes me tiraron”. Seguidamente la dirección del barco fue asumida por Danielito Queijo. El barco se llamaba “Titanic”.
Pero no fue mucho después cuando se subió nuevamente e intentó organizar una gira de reconciliación con su pantel, buscando un destino que los haga aprender nuevos aspectos del rugby, intentando coordinar clínicas con entrenadores de alto nivel… fue así que la 81 viajó a Florianópolis.
Todos estos recuerdos de este entrañable entrenador nos ponen nostálgicos. Recordar las épocas en las que conjuntamente con Sergio Freirías, quien con 33 años entrenaba con chicos de 11 y se jactaba de hacer 33 tries por práctica, nos hace sentirnos unidos. Y nadie puede negar oir su voz diciendo, cuando algún técnico pide jugar hacia delante, atacando los espacios y pasando la pelota, a viva voz y repitiendo hasta el cansancio:
NO, NO, NO… NO ES ASÍ !!!
* Varios estudiosos han investigado esta relación entrenador-jugador predilecto. La hipótesis más difundida es que El Topo sería hijo de Ivañoly.
UN INFORME SECRETO SOBRE ALGUNOS MISTERIOS DE LA GENTE DEL STADE GAULOIS
La muerte del dictador chileno Augusto Pinochet hace que tenga que dejar mi cómodo asiento de oficina, levantarme de la siesta que todo empleado público se toma en horario de trabajo y salir a decir unas cuantas verdades, le duela a quien le duela...
Porque, para empezar provocativamente, hay un tema que se conversa en los vestuarios, en los baños de los asados en forma de código, en los ómnibus de las inferiores, pero que nadie ha dicho públicamente. Y yo creo que es hora de afrontar el tema de una vez y para siempre. Y si mañana aparezco en una zanja, o en el tajamar del prestigioso estadio del club, muerto, violado, ultrajado, escupido, acabado en la cara, meado por ocho gatos, cagado por un caballo, violado nuevamente, amputado de mis miembros, en una parrilla para seis de cualquier bar mugriento, violado nuevamente con un vestido de enfermera, pintado de labios y con brushing en el pelo, con mugre en las orejas, con hongos en los pies, palometa en el calzón y todo lo que puede llegar a ocurrir...y violado de nuevo pero con besos en el cuello... si pasa eso, será porque hablé desde la verdad.
Y todos se preguntarán, ¿qué verdad? La verdad que no deja dormir a muchos de este club, que los despierta en medio de la noche con pesadillas angustiantes, y que no los deja probar bocado de comida en días. Esa verdad que todos conocemos y que nos impide mirarnos a los ojos, de frente, y gritar a los cuatro vientos: TE AM... (perdón, me fui)
Y como no me gustan los rodeos, voy a hablar claro de una vez y para siempre, porque hoy conseguí la información que me mantuvo cautivo durante todo este tiempo, escondido como una rata, borracho en los peores bares, sin poder controlar esfínteres, e intentando tragarme esa verdad para no herir a nadie... Bueno, hoy decidí hablar, hoy voy a contar la verdad que atormenta a nuestro club:
La verdad sobre: LA VOCECITA DE JUAN ROCHA!!!! (chan!)
LA HISTORIA
Juan Rocha llega al Liceo Francés en 1985, plena salida de la dictadura en nuestro país,cuando el gobierno de Francia decide apoyar a las fuerzas militares uruguayas derrocadas, creando una fuerza armada especializada camuflada en un equipo de rugby que no alcanzase mayores logros. Estaba todo pensado, todo craneado por este agente del gobierno francés, cuyo verdadero nombre es Jean-Pierre Rochaux. Crearía un equipo de rugby que sea liderado por una persona sin muchas luces, alguien con capacidades limitadas, que tuviese como único estímulo el tercer tiempo y que jamás pudiese darse cuenta del gran plan... una persona como Matute.
Este equipo no formaría rugbistas, sino experimentos humanos genéticamente manipulados que adoptasen la fuerza de veinte hombres, inspirados en el ruso de Rocky IV, que luego serían agrupados en un comando especial de asesinos.
El plan era perfecto, pero lo que no contaba el gobierno de Francia, y menos aún el agente Jean-Pierre Rochaux (Juan Rocha), era que la resistencia francesa se había enterado de los maléficos planes y había enviado a su agente: Carles Chaplinaux, o a quien nosotros identificamos como: CHAPLIN!! (chan!), un comunista sobreviviente de los campos de trabajos forzados en Rusia, y reclutado como agente por la resistencia francesa.
Jean-Pierre Rochaux era un agente duro, fuerte y por sobretodo, de voz gruesa. En sus tratos con los jugadores solía gritarles hasta humillarlos, bajo la concepción pedagógica reinante en la época. Rochaux quería hombres fuertes y rudos, y obtuvo en sus primeros reclutas a extraños seres como Mariano Benzano, de dudosa elección sexual. Carles Chaplinaux, por el contrario, era bonachón y tranquilo, habiendo encontrado en el club algo más que una misión: un grupete de cofrades en el cual compartir tardes de rugby y noches de arrumacos. Así, entabló relaciones del tipo sexual con su amigo El Foca, lo que puso celoso a Matute (debemos entender que la homosexualidad está bien vista para los franceses, y no juzgar con los ojos de uruguayos), y casi se logra el quiebre institucional del club. Este pequeño conflicto amoroso alcanzó desmesuradas dimensiones, al punto de hablarse de cerrar la Institución, lo que alertó al agente Jean-Pierre Rochaux quien vio que su misión se desmoronaba. En un acto de desesperación, Jean-Pierre Rochaux cita a un asado general para calmar las aguas, sin entender que lo que estaba gestando era el mismísimo fin de su voz gutural.
Conocedor del desesperado plan de Rochaux, Carles Chaplinaux decide encargarse de llevar el vino al banquete, con la sola intención de destruir el liderazgo que ejercía Rochaux en el club galo. Pasó días y noches enteras elaborando un brebaje en el sótano de su casa, que cumpliese con su cometido de acabar con Jean-Pierre Rochaux y su autoritarismo, que desterrase su poder en ese club y que lo llevase a su peor temor. Decide entonces preparar el vino, y al momento de su fermentación, en vez de oxígeno coloca HELIO!!!(chan! X2 )
Esa noche Jean-Pierre Rochaux bebió hasta el coma, y fue en el hospital que, cuando se levantó, se encontró pronunciando palabras con la jerarquía de un niño de cuatro años.
Ya, con la voz de Tatu, el agente Jean-Pierre Rochaux se oculta en el ostracismo, y gana poder en el club francés la figura de Carles Chaplinaux. Su mano derecha, como suele él mismo llamar a Matute, porque es con esa mano con la que se frota las partes, sigue hoy en nuestro club, practicando la pedofilia con los juveniles de PSG.Y si bien no tengo pruebas para esto, quiero que sepas Matute que ya las tendré.
Shreklock
ZONA ROJA: PERIODISMO RESPONSABLE
Asociados para delinquir en el rugby
Uruguay ha vivido, todos recordaremos los trágicos sucesos ocurridos al respecto el pasado año, lo que más tarde la historia reconocerá como el primer movimiento sindicalista del rugby amateur. Recordemos todos la huelga de jugadores del seleccionado nacional, más conocidos como teros, quienes se declararon en rebeldía por no arreglar la suma de 23.50 centavos de dólar por jugador, más dos remeras S&F, con la dirigencia de la URU. Fue ese el principio del sindicalismo en el rugby uruguayo.
Meses mas tarde, tenemos un nuevo caso: los pilares socialistas engremio, más conocidos por la sigla que suena en boca de todo el ambiente del rugby hoy día, PSG. Los orígenes de este movimiento tienen su raíz en un partido disputado en el campo de Stade Francais, a comienzos del año pasado, donde el local recibía al equipo de PUCARU. La concreción de este movimiento socialista fue el pasado interno que ambas instituciones disputaron en diciembre. ¿Qué pasó entre medio? Veámoslo.
El partido al que hicimos referencia, de resultado meramente anecdótico, sí encontró un particular hecho que fue la raíz de todo este “movimiento sindicalista de grasas” (no de masas, que sí tienen que ver pero de una forma puramente alimenticia). Como lo registraron las cámaras de seguridad del Estadio de Stade Francais durante el tercer tiempo del encuentro, se pudieron ver “reuniones” de los subversivos, posteriormente identificados, maquinando lo que luego sería el ya conocido sindicato.
Los identificados fueron:
Matías Navarrete, alias “Matute”
Edad: Roza los 40.
Antecedentes: Jugó en Sub 15 hasta que se le descubrió que era padre de dos familias.
Señas particulares: robusto, de buen comer.
Se lo suele ubicar: en la punta de la cancha, pidiendo agua o esperando que la pelota vuelva.
Manuel Jorgelín, alias “Tommy Tomé”
Edad: 7
Antecedentes: 10 penales por hablar en 1 minuto.
Señas particulares: mostaza en la comisura del labio.
Se lo suele ubicar: debajo de los palos, con amarilla.
“El Foca”, alias “El Foca”
Edad: No se dice.
Antecedentes: Se lo busca por tener problema constantemente con Iván Puy al punto de amenazarlo y hacer que este último se fuera del país.
Señas particulares: muerde orejas, según la fuente que tenemos (Iván).
Se lo suele ubicar: en burdeles, (pero eso no es asunto de nuestra investigación).
Nicolás Da Trindade, alias “Maguila”.
Edad: no supo escribirlo
Antecedentes: buscapleitos callejero.
Señas particulares: para identificarlo, pídanle que les escriba la palabra “cerveza”. El espeluznante resultado les hará saber que es él.
Se lo suele ubicar: cargando carteles, cobrando la cuota, y ainda mais.
Daniel Viñas, alias “El Negro”.
Edad: No se pudo corroborar, ya que tiene varias cédulas con múltiples identidades.
Antecedentes: involucrado en los casos “Rohm” y “Peirano”, en libertad porque los testigos que lo inculparían sufrieron el mismo accidente: volcaron en el tajamar de la cancha de ex PUCARU, ahora PSG.
Señas particulares: anda con un niño que dice es su hijo y que firma todos sus cheques.
Se lo suele ubicar: …No, a “El negro” no se lo ubica, “El Negro” lo ubica a uno.
Estos son los principales sospechosos por asociación ilegal, por agremiación indebida y por comunistas pendencieros. La suerte de este cronista, y del webmaster corre peligro, pero la investigación continuará. Buscaremos al resto de los implicados y descubriremos su plan diabólico.
Ampliaremos.
Anónimo, Especial desde la interna de PSG.
E! PUCARU TRUE HOLLYWOOD STORIES
Matías Sirvys... el ala que no pudo volar
Cake´s.
17:00 hs.
Montevideo, Uruguay.
Encuentro con Matías Sirvys para una entrevista.
Mastica el último bocado de lo que parece ser su último sandwich caliente (el último de una serie de ocho), cuando de improvisto levanta su brazo, extiende su dedo índice, y lo hace girar como señalándole al mozo de que sí, que efectivamente quiere otro sandwich más. En la misma línea, y sin emitir palabra, levanta la quinta botella vacía de coca ligth. El mozo le entiende. Ya lo conoce. Matías quiere más.
Este espacio que nos da el noveno sandwich caliente de Matías Sirvys, legendario ala de nuestro prestigioso club, nos sirve para explicar su pasado. Matías Sirvys es sueco. Su padre, Adolfo Sirvys, fundador de la corriente Flower Power (corriente hippie que se difundió por el mundo en los 70) aquí en Uruguay, tuvo que emigrar del país por problemas políticos. Mochila al hombro, se escapó de polizonte a Europa con su compañera "La Sonia". En la onda del hippismo, siguió junto a otros mochileros de Europa una peregrinación "en busca de la paz natural y la pureza humana". Bajo esta filosofía de vida, que no permitía el uso de profilácticos, tuvieron a Matías a los pies de los Alpes suizos, en un establo (léase la simbología del establo y de los pobres viajantes, como una ironía que la vida hace al nacimiento del jesucristo cristiano). Para las tribus zulúes de Africa, nacía el 30 de diciembre de 1979, el jesucristo negro. La familia Sirvys viajo entonces al África. Esas civilizaciones de ignorantes apodaron a su nuevo mesías: Manuni Sirivius, que significa "Gordo Chivo" en castellano. Lo alzaron a los pies de la gran montaña, para que aquella bolita negra pronunciase el mensaje de los Dioses, pero el bebé Matías no dijo nada... señaló a un cordero que pasaba caminando en busca de su madre, y con su pequeñito dedo indicó que lo hagan a las brasas.
Así, Matías vivió entre zulúes durante mucho tiempo. Luego, sus padres, buscando una educación para él, lo llevan nuevamente a Suecia. Pero en este país existían aún varios brotes de resistencia nazis desde el fin de la guerra, que manifestaban su recalcitrante odio a las razas inferiores (nótese que en Suecia son todos rubios y no se podían permitir albergar a un pardito como el Chivo), y dado también, de que a los Sirvys nos le quedaba ni un mango partido al medio, fue que este grupo de linjeras emprendió el regreso a Uruguay, con la cola entre las patas, y desistiendo de las promesas que habían hecho antes de irse de vovler con los "bolsillos llenos de oro" (1).
Una vez de vuelta en su país natal, Adolfo Sirvys se encontró un diploma de médico que falsificó y mediante el cual hoy practica la medicina. Con la cultura bárbara en las entrañas, aprendidas en su vida en el África, los Sirvys se resistieron a aceptar la idea de la propiedad privada, y ocuparon (primer caso de okupas en nuestro país) un campo que no les pertenecía. Allí, sin conocer nada de ganado, introdujeron la aftosa al Uruguay; y mediante cruzas de ganado genéticamente contraproducentes, crearon un virus que desembocaría en la epidemia de la vaca loca.
Matías termina su sandwich...
- ¿Cómo fueron tus inicios en el deporte, Matías?
Matías: De niño siempre quise ser arquero, pero tenía manitas muy chiquitas. Mi debut en baby futbol fue como tercer golero del Montevideo Belgrano F. C. Era suplente de Andrés Galle, que era suplente de Andrés Apaulaza, todos grandes goleros de trayectoria marcada.
- ¿Cómo fue ese debut?
Matías: Me comí cuatro pepinos en los veinte minutos que me tocaron jugar. El técnico me dijo una frase que nunca voy a poder olvidar... "Anda flojito, golerito!!"
- ¿Cómo llegó lo del tennis?
Matías: Esa es una historia dura de mi vida de la que prefiero no hablar. (2)
- ¿Pero es verdad que fuiste el único jugador en la historia del tennis que cruzó una red para cagar a trompadas a quien te había metido "dos huevos" (6-0; 6-0)?
Matías: Voy a decirlo de una vez y para siempre. El tipo resultó ser el chanta que me había vendido las raquetas truchas, entonces me concentré ese partido para entrar a la cancha y ganarle con mi talento y potencia. Al ver que el tipo era mucho mejor que yo, crucé y lo cagué a trompadas.
- ¿De ahí te echaron de la Federación Nacional de Tennis, no?
Matías: Primero desafiliaron a Nacional, el club donde jugaba. Luego a mi.
- Igualmente, dicen que no te hubieran dejado crecer por tu color de piel. Todos sabemos lo elitista que es el tennis... ¿Y después llegó el paddel?
Matías: Si, una reconfortante etapa.
- ¿Por qué hiciste pareja con el perro Saccone?
Matías: Yo en realidad quise jugar con Manso, que era el que mejor jugaba. En verdad no era el que mejor jugaba, era el que tenía plata para pagar las canchas. Tuve una reunión con él y su representante y no llegamos a un acuerdo...
- ¿Qué se discutió en esa reunión?
Matías: Yo le propuse ser su pareja en las canchas, pero él me ofreció que fuera su junta pelotas. Él ya tenía uno rubiecito, pero decía que quedaba mejor un negrito.
- Y entonces...
Matías: Entonces probamos un partido con el Negro Saccone que sufría las mismas discriminaciones raciales que yo. La gente tiene ese concepto de que por ser una persona de color vas a ser un infradotado, o un energúmeno, o un violento de mierda.
- ¿Y no funcionó la pareja de paddle con Saccone?
Matías: No, nos expulsaron de la federación por cagar a trompadas a dos guachos en un campeonato...
- ¿Les habían ganado?
Matías: No, ni eso...
-¿Cómo llega el rugby a tu vida?
Matías: Llega en un momento crucial. Yo andaba en un bajón con los estudios... (Un bajón que comenzó en pre escolares), y con la barra decidimos irnos todos a jugar al rugby. Entrenábamos en la rambla, y no había fin de semana que no saliéramos todos juntos a bailar y nos mamáramos hasta la manija, e igualmente al otro día estábamos en la cancha...
- Se comenta que eras muy bueno de manos...
Matías: Si, en aquella época se veía al forward como alguien que debía chochar. Yo supe diferenciar el momento de pasarla y el de golpear...
- Sí, como cuando golpeaste a aquel gordo del Alemán... Corregime si miento, ¿pero corriste cincuenta metros y le metiste una patada en la cabeza a un tipo que estaba en un ruck?
Matías: Si, bueno... era un rugby duro.
- ¿Qué viaje recordás con más cariño?
Matías: Creo que el de Chile...
- Se cuenta que ahí tuviste una relación amorosa que marcó tu vida... ¿es verdad? ¿Cómo se llamaba?
Matías: Tampoco quiero hablar de eso. Sólo sé que le debo al Cabeza Queijo diez dólares que me prestó para ir a verla a la casa y a conocer a sus padres.
- ¿Pero cómo se llamaba?
Matías: No importa... (3)
Matías se ahogó en llantos y la entrevista culminó allí. Nosotros sabemos que luego de este viaje la vida de Matías fue un calvario. Su vida se resumió en alcohol y timba. Dos amigos cercanos suyos quisieron rescatarlo de ese infierno: ellos fueron Luis y Oscar. Luis decidió ayudarlo en el tema de la timba, y Oscar en el de la bebida. Todos quienes los conocemos sabemos que no fueron muy fuertes de voluntad para semejante tarea.
Igualmente, podemos decir que el resultado fue bueno. Matías es hoy un excelente dirigente de rugby y un aprobado estudiante académico.
Además de llevar un seis en la espalda marcado a fuego.
Un seis que sólo llevan quienes se consagran como grandes del rugby.
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(1) _ Expresión recogida ante unas cámaras de televisión cuando el Sr. Sirvys se subió el avión de colado y desde la ventanilla hacía gestos obscenos a quienes impidieron que se fuera sin pagar boleto. En esa circunstancia fue que Don Sirvys gritó a los empleados de la empresa Varig: "Flaco, te lo pago a la vuelta, cuando vuelva con los bolsillos llenos de oro!!!"
(2) _ Si bien Matías prefiere no contar esa historia, nosotros sí. Matías quiso jugar al tennis, al ver que el gordo César Adario mentía que era campeón nacional de Paraguay (lugar al que nunca llegó el tennis) y ganaba minas con esa mentira. Matías ahorró trescientos dólares y, en la puerta del Biguá, compró dos raquetas usadas hechas en las jugueterías Payaso, pero entregadas en un forro WILSON. Así, Matías era estafado de forma abismal, pese a que él consideraba que era el nogocio del siglo. Obviamente, las raquetas se deshicieron en la primer bolea, lo que dejó al gordito Matías muy ofuscado...
(3) _ Nuestra producción descubrió que se llamaba TIRSA
E! PUCARU TRUE HOLLYWOOD STORIES
Con una sequía argumental sin precedentes en la historia de la mega industria cinematográfica, los productores de las diferentes compañías del show bussines, han tomado una idea de uno de sus más grandes accionistas, Luis Gerardo Ara Hormiga, y han comenzado a filmar un ciclo de capítulos denominados: E! PUCARU TRUE HOLLYWOOD STORIES. Los mismos cuentan la verdadera vida de quienes sábado a sábado cargan con la pesada responsabilidad de ponerse la camiseta roja; a quienes muchas veces puteamos, sin conocer la realidad que se esconde detrás de ese jugador.
El capítulo de hoy: Guillermo Di Maio.
¿Quién es realmente Guillermo Di Maio? ¿Por qué desde los ocho años sigue manteniendo sus noventa kilos? ¿Qué se esconde detrás de esa cara de bonachón? ¿Quién lo peina? ¿Por qué insiste en realizar su entrenamiento personal en el living de su casa? Todas estas respuestas las intentaremos responder en este capítulo…
Una familia de inmigrantes turcos, exiliados de la segunda guerra mundial, llega a tierras chilenas en 1951. Eran los Di Maio, una familia que cargaba con un pesado equipaje y un aún más pesado bebé. El pequeño Guillermo se crió en tierras chilenas, donde fue a la escuela y se caracterizó siempre por ser un niño bueno y obediente.
Pero un problema lo acechó desde su primer día de clases: sus piernas de exuberante diámetro, hicieron que el niño Guillermo debiese ocupar dos pupitres en lugar de uno, lo que causó la risa de toda la clase. Fue entonces, en el primer recreo de ese día, que cuando los niños jugaban al fútbol, el niño Guillermo tomó la pelota con sus manos y corrió a gran velocidad (3 Km/h), haciéndose imposible poder alcanzarlo. Guillermo, sin darse cuenta, había introducido el rugby a Chile.
Fundó así el club Colo Colo de Rugby, remera que viste orgullosa y religiosamente cada práctica en nuestros días. Se proclamó capitán y primer centro del cuadro, creando jugadas como la 3-2, tijera 1 y… su creatividad se cerró allí. Obviamente, todas las jugadas pretendían dejar a Guillermo de cara al try, cosa que nunca ha ocurrido en la práctica.
Fueron años felices para el joven Guillermo, que crecía como jugador y como persona. La chilenas lo admiraban y al ritmo de Elvis (que se imponía en esa época), él solía seducirlas. Su fama acrecentó, y con ella el éxito y todos sus malignos adyacentes…
"Recuerdo a Guillermo. Lo enfrenté una vez, cuando los Pumas fuimos de gira a Chile. El jugaba en el Colo Colo de primer centro, y yo lo hacía de segundo centro. Había una jugada que tenían, en la cual Guillermo debía redoblar al primer centro y desbordar al segundo centro… Creo que nunca llegué a entenderla del todo…" (Marcelo Lofreda, 60 años)
" Guillermo… Sí, cómo olvidarlo. Las muchachas deliraban con él y su parroqueta en el pelo… Era la sensación cada vez que festejaba un try y movía su pelvis al ritmo del boogie- boogie". (Pochola Silva, 84 años)
Pero la IRB se enteró de este escándalo. Mujeres, rugby y pisco envolvían a esta nueva figura del rugby mundial, y la IRB como institución perdía credibilidad. Y el rugby… el rugby no se podía dar el lujo de permitirse un primer centro más pesado que un pilar.
Las consecuencias fueron nefastas. Guillermo Di Maio fue exiliado de Chile y enviado a nuestro país. Aquí se volvió bolchevique y se apuntó en la Fcultad de Ingeniería para aprender a hacer una bomba molotov. Eso fue en el año 1978. Hoy mantiene esa idea fija en su cabeza y es por ello que no se ha recibido. Ayudó a la fundación de un rugby libre, liderado por los ideales franceses de "Libertad, Igualdad y Fraternidad, donde los gordos tuviesen la oportunidad de correr libres, cual mamuts en la campiña salvaje" (palabras proclamadas en su discurso inaugural de la fundación de PUCARÚ).
Durante un tiempo se mantuvo recluido en una casa, donde, pese a ello, no dejó de entrenar nunca. Tres pasadas del water a la bañera, con descanso de un minuto en el vidé… O cuatro lagartijas tocando la boca en el plato de fideos. O progresivos a tres cuartos de velocidad subiendo por las escaleras, descansando en la bajada por el barandal.
Algunos mitos circulan hoy en las generaciones más jóvenes:
a) Que no lava la ropa luego de práctica ni de los partidos. Sí, es verdad. Su religión socialista se lo impide, así como le impide dejar envase de cerveza lleno en cada tercer tiempo.
b) Que fue elegido el más lindo en el Colegio San Juan, en el año 85. Sí, también es verdad. La única acotación que habría que hacer es que en ese entonces, el San Juan era sólo un colegio de hombres.
Esta fue la complicada vida de Guillermo Di Maio. Una vida dedicada al rugby. Un back atrapado en el cuerpo de un pilar, que luchó contra las risas de todos los retrógrados de su época, pero que hoy vemos que fue un visionario. Hoy los tres cuartos de los mejores equipos del mundo no bajan de ese peso.
Por eso lo proclamamos hoy, Guillermo Parroqueta Di Maio… EL ADELANTADO. (siempre en penal)
CONSEJOS MÉDICOS PARA SITUACIONES LÍMITES POR EL DR. DIYO (Chivo: también por el juego de palabras Doc Tor Dillo)
Golpes que marean
Muchas veces, cuando uno pierde la conciencia, resulta realmente difícil saber cuándo realmente es que uno ha vuelto a la realidad. La noción de espacio tiempo se pierde por completo, y muchas cosas que vivimos hace segundos se nos borran de la cabeza, y al igual que en los sueños, otras vivencias de tiempos pasados parecen ser la realidad. Sí, es todo tan confuso que hasta cuesta explicarlo. Por eso, me gustaría dar una serie de pautas, en el caso de que se vuelvan a ocurrir nuevas circunstancias que nos alejan del partido; una serie de pautas, decía, que nos aseguran que ya no estmos divagando en el subconciente y hemos aterrizado en la realidad.
O sea, si te comés flor de golpe, y perdés la conciencia; van aquí algunas hechos que te asegurarán que has vuelto a la realidad (a tu querido club) y de que lo tuyo es sólo una alucinación:
Caso A - El caso A se aplica a los síntomas: mareos, pérdida de conocimiento, náuseas. En esta oportunidad, tu alucinación comienza cuando una criatura tenebrosa, se acerca a ti, te acaricia y te dice: My precious!!. Luego, se aleja corriendo en cuatro patas, se trepa a una moto y desaparece. Sabes que es Golum (Profe Ocampo) pero te tranquilizas porque crees que todo ha terminado.Pero en eso ves a Frodo (Osquitar), que toma la pelota con ambas manos y que casi se cae porque es muy grande para él. Y luego ves a Viggo Mortensen y tienes ganas de romperle el orto, pero luego entiendes que es Santi Manso lo que no quita que sigas con las ganas de romperle el orto.
Caso B - Estás tirado en el suelo. Te sentís mareado. Te falta el aire. No sabés muy bien qué es lo que pasa, pero de repente Tomi Gommy (el hermano mayor de los Osos Gommy) agarrá una damajuana de al lado tuyo y empieza a tomar jugo de Gommybaya a diestra y siniestra. Luego, el tierno y simpático oso, acerca su cara a la tuya y te pregunta si estás bien, no sólo sacándote los últimos gramos de aire que podías inhalar, sino que además de deja el aliento de un desayuno compuesto de chivitos canadienses y húngaras con mostaza y colet.
Este es un síntoma muy peculiar y se llamam Tommetitis aguda. Toda esa fantasía del Oso Gomy se crea etorno a la figura de nuestro querido Gordo Monel y su contexto. Por contexto me refiero a que si ves llegar al Duke Iketorn se trata de Gini, Sapotonto es Maguila y Grammy es Lucas. Ahhh... Batman es Bruno Díaz.. que es Tino.
Caso C - Los mismos síntomas: mareo, poca noción de dónde uno se encuentra, confusión, etc. Es muy común que en estos casos, emerjan las ansias de ser asistido por una ambulancia lo antes posible. En eso, a los pocos segundos del golpe, sientes una sirena con una particula bocina que llega. La bocina te rechina un poco los oídos, te dan calambres en los huevos y preferirías que la apaguen, pero por lo menos sabes que la ayuda ha llegado para ti. A su vez, te extrañas de que la emergencia del SEMM, de la cual eres socio y la cual pagas religiosamente todos los meses una considerable cuota, te asista en una Combi común y silevstre.
En este caso, el tipo de alucinación es la Bascutitis Cerra el Picus. Es la alucinación que provoca el oir discutir a Bascou con el Médico, el juez, los rivales, los compañeros, el cantinero, los teros del lugar, los palos, etc... Repito, no es una ambulancia Combi, es Bascou.
Consejo: En caso de corte, evitar el contacto con animales de todo tipo, especialmente con el Negro Saccone que como según consta en su ficha médica, aún no se ha vacunado contra la hidatidosis, por no considerar el tema de que, como todo los animales, piensa que las heridas se sanan lamiéndolas.
Nada más por hoy. Usen preservativos antes de entrar a la cancha y cuidensen que las cifras de contagio de Sida en el Rugby son cada vez más alarmantes.
Dr. Diyo (Chivo: no es tan difícil... Doc Tor_Diyo)
Fréderic Dukakis: el artista
Como mi colega Romero se ha encargado de la sección deportes de este exquisito sitio (y vaya con qué particular talento!), no le queda a uno, como humilde servidor que es, el poder relatar, para todo aquel banana que se quedó de este lado del río, lo que luego de aquellos partidos ocurrió.
El sábado había sido la noche esperada por todos. Tras la impecable conducta del viernes, en la que no se salió más allá de la una de la madrugada, en la que no se bebió ni una sola gota de alcohol y en la que no se jodió en absoluto al conserje del hotel para que mostrase el book de atorrantas del Hotel; llegó la tan esperada noche sabatina, ferné de por medio y muchas pero muchas pilas.
Podría elegir entre miles de historias para contar, pero honestamente creo que hay una que sobrepasa a todas las demás, que tiene todos los elementos para hacer de una historia la más inolvidable...
Esta es la historia del artista plástico Fréderic Dukakis, quien supo demostrar que no sólo es bueno en el fino arte del cambio de paso, sino que lo es también en el fino arte del desagrado.
Todo comenzó aquella noche para Fréderic de la manera menos esperada. No hay peor manera de perder el control que el poder estar entre amigos, una noche espléndida, en una ciudad extranjera y disfrutando de buena música y buenos tragos. Toda este clima no nos puede hacer más que entrar en un mundo de algarabía y fiesta.
No pasaban más de las 22.30 que la habitación 208 parecía Space en sus mejores momentos. Lentes negros, "punchi-punchi" (término apadrinado por el Dundy "Bascou", muy propicio para lograr el efecto de ser escupido por una rosarina) y vodka con Speed, aclimataban una habitación que se confundía entre el olor de la noche y el olor del colorado mugriento que se dio por bañado sólo por haberse zambullido en la pileta.
Y a estas alturas, y en este contexto, nuestro amigo Fréderic Dukakis ya estaba ´cho mierda. Drogas de las legales y de las que deberían serlo (mensaje político de El Artesano) abundaban en la habitación, y convirtieron al profesional jugador que se tomó un avión para no dejar tirado a su club (ejemplo digno), en un borracho que sólo podría ser salvado con la hoguera (ejemplo no tan digno).
Con la ayuda de algunos amigos, y tras haber ejecutado los primeros chivos de la noche, se intentó que Fréderic se pusiese la camisa que tenía preparada para salir a bailar. Al jóven player, que tan poco le cuestan las fajas o los sombreritos, le pareció una tarea imposible de realizar el poder meter el brazo en el agujero de la camisa, con lo que desistió de tan ardua labor y se echó en la cama. Quiso el buen samaritano Ramos ofrecerle su ayuda, pero vio cómo, de la boca de Dukakis, comenzaba a salir una especie de babilla blanca fermentada (bilis), que pendía de la comesura de su labio, para luego caer sobre el acolchado de la cama y perforarlo, gracias a las propiedades ácidas de su compsición.
El asco fue tal que la habitación fue abandonada a la inmediatez por quienes aún quedaban en ella y Fréderic fue olvidado en la cama. Al parecer no podríamos contar nada más al respecto de lo ocurrido, pero las cámaras del hotel nos dieron las desagradables versiones de los hechos más tarde.
En el video de la habitación, se vio cómo Dukakis, minutos después, comenzó a sufrir los efectos secundarios de su estado alcohólico y del agua que había en los bidones. No contento con haber vomitado media habitación, el muchacho tuvo una regresión a sus primeros años de vida y experimentó una cacona en sus pantalones. Al percatarse de su fétida situación, tomó conciencia de que ya no era más un bebito y decidió limpiar aquello que había salido sin su permiso. No encontró mejor elemento que la toalla más blanca que el hotel podía tener, y sin pudor alguno, la tomó con su mano derecha y la coloreó con las pinceladas que su culo daba, revelando un marrón que muchas veces puede ser confundido con el beige, pero que inevitablemente nos refiere a sólo una cosa: la mierda.
No fue sino al otro día cuando todos vimos al joven artista sentarse en la mesa del desayuno. Cómo su estómago no estaba como para medialunas, hizo lo único que podía hacer en ese momento: mutar. Su bienagraciado técnico, le ofreció unas pastillas que lo iban a hacer vomitar todo el malestar que tenía en su estómago, y le dijo que el efecto vendría a los diez minutos de haber ingerido el remedio. Dukakis no calculó que se trataban de Pinominutos, o sea, diez segundos en tiempo real.
De inmediato se levantó en busca del baño, que se encontraba en planta baja (estábamos en el entrepiso entre el 1º y el 2º). Cuando bajaron, notaron que las puertas del baño se encontraban cerradas. Pino, amablemente le ofreció: "- Si querés podés ir a la 204?", a lo que Dukakis lo miró con ojos amenzantes y si no le contestó con un upper-cut, fue porque en esos instantes, el vómito afloraba por su garganta, salía por su boca y se estrellaba en la pared blanca del hall de la entrada. Al igual que con la toalla, el arte de Dukakis, quedaba estampado en aquel lienzo de hormigón. Dos turistas que en esos instantes hacían el check-in, observaban y fotografiaban tal bizarro espectáculo de un manantial viviente de aguas hervidas en pleno hall del hotel.
Este relato, creado en el efecto del asco, fue vivdo por todo un plantel de rugby, entre risas y llantos (llantos provocados por tanta risa). Una experiencia más. Inolvidable para nuestro club, que ha dejado la huella en Rosario, y más precisamente en el Hotel Majestic, el que probablemente nos mande a la concha de la lora, el proximo año cuando los llamemos para ir. Otro más que nos agrega a la lista de los "No deseados".
A no desesperar, quedan todavía varios hoteles en Rosario...
Rosario, Ciudad de Dios
La fecha del año se acerca, y para quienes aún dudan de si viajar o no a la ya querida ciudad de Rosario, van aquí algunas anécdotas que vale la pena rememorar sobre lo acontecido en la ciudad del interior argentino.
Porque los recuerdos se remontan mucho tiempo atrás... tanto tiempo atrás que aún existía el reconocido juez de titanes en el catch, "William Bo", y quien tras haberse jubilados de los rings y haberse ganado la libreta de conducir en el Loto porteño, ofreció a Pucarú sus servicios como Chofer. En esa época, calculo porque el país recién salía de la dictadura (¿?), Pino nos hacía vestirnos de traje y corbata. Lo más triste era que para los terceros tiempos todos debíamos presentarnos a comer así. Pero aún más vergonzoso, para unos chiquillos de 17 años, era tener que aparecer con el propio William Bo y su cumbiantero amigo, haciéndose pasar por jugadores del plantel, para garronear alguna hamburguesa. Pero ojo!! A no malinterpretar, que el viejo Bo, según cuenta él, se "pasó" a una de las empleadas del hotel en Bs. As.
Pero todo en ese viaje no fue rosas y claveles. Desafortunadamente, tuvimos la desgracia de sufrir la fractura de la mano derecha, (entiendan bien, la derecha) de Diego "La Comadreja" Carluccio, hermano mayor de quien acutalmente se desempeña en el club, y que milita en la League Soccer de Estados Unidos, siendo el único jugador que le entiende una pared a Valderrama.
Todos pensarán: "¡Pobre Comadreja, toda una gira con el brazo enyesado!". Pero yo siento aún más lástima por la profesional del cabarute que tuvo que bailar viendolo a él, en primera fila, pijalaire, intentando tocarse con los deditos que le salían del yeso. Eso sí es desagradable. Sin nombrar el hecho de llevaba el corte "bautismo", estilo Barakus.
Y si decimos profesionales, decimos Rosario. Y si decimos Rosario, decimos profesionales. Y profesionales + Rosario = Cabarute Do Brasil. Y me parece estar viendo la sonrisa de ciertos pillines que hicieron de las suyas en esos bajos pagos. Como el caso de el Sr. B (mantenemos el anonimato para preservar la imagen de la víctima y la cara de quien escribe), a quien las damiselas lo vieron entrar de camisa desabrochada, cadenas de oro, corte militar; le hicieron pagar unos tragos, lo calentaron en 20 segundos, y lo despacharon en 10.
Y miles de historias más, que serán rememoradas en el bondi de ida. Y miles de cuentos de rugby, profesionales y fiestas. Todas reunidas en una ciudad: la Gran Rosario.
A no faltar nadie, que este 2005, se escribe una nueva zona roja en Rosario.
PD. No quiero dejar atrás el tema que para unos puede ser una pavada, pero para otros, en este momento, es relamente una preocupación: el bautismo.
Jóvenes que ingresan al plantel superior: muchos les contarán historias asombrozas para asustarlos, como la gran "Bomba" patentada por el Gordo Gastón, la relación sexual del tipo oral mantenida por Fabián Cordiviola y el Mato Gelós, o la huida suicida de Pampi, por los balcones del hotel, dejando en evidencia su complejo de Hombre Araña.... Jóvenes, todas esas historias... SON VERDAD.
Y a cada año empeoran, JAJAJAJAJAJAJA!!!!!
SEÑORES, ES ENERO!!!!!!
Cómo se ve que hay muchos rompebolas ya en Montevideo, sin nada mejor que hacer que visitar esta página de mierda y mandarle mails al ladilla del webmaster pidiendo "zona roja" cual si fuesen niñitos de cinco años pidiendo chupetines, me he visto obligado de volver a escribir esta puta columna, pese a que aún estamos en enero.
A esos imbéciles que pasan las tardes enteras conectados a Internet les cuento un par de novedades sobre el mundo exterior:
a) los días no bajan de los 30 grados, lo que por regla de tres nos lleva a concluir que las mujeres ya no soportan ni el bikini puesto. En vez de estar pajereando
frente a una pantalla de computadora, acérquense a una playa, si tiran boca abajo, hacen un pocito en la arena y le dedican "homenaje" a la cantidad de mujeres
que quieran.
b) en caso de que estén laburando, o haciendo que laburan, en vez de visitar este sitio de mierda, pongan en el google la palabra "sex", y vayan conociendo uno
por uno los diferentes significados que tiene esta palabra en el mundo virtual.
Luego de haber terminado con estas tareas, recién ahí pueden volver a sus casas y joder al webmaster con "zonas rojas", y por ende, joderme a mi también.
Bueno, esta ha sido la primer zona roja del año. De mala gana, sí. ¿Y qué? ¿No les causó gracia? Me chupa los mellizos que me cuelgan. Estoy en enero, fecha
en la cual mi cuerpo y mente sufren de una hipertrofia, algo parecido a lo que le pasa a Iván durante todo el año.
Antes de despedirme, les dejo dos últimas novedades:
La primera es que el Negro Sacco se recibió de Ingeniero. Sí, es ese muchacho con el que muchos juegan a tirarle el palito y que lo vaya a buscar. Bueno, se recibió de Ingeniero. La cosa fue así: parece ser que se presentó a su último examen oral y como no pudo responder las preguntas que le hicieron, empezó a gruñir en cuatro patas y una espuma blanca comenzó a salir de su boca. A todo esto, los profesores vieron que el alumno no estaba con correa así que firmaron el título y él se lo llevó a su casa, cual si llevase un diario o un par de alpargatas.
¡¡Felicitaciones negro!! (El club te regala una bolsa de huesos que sobraron del 24 al mediodía)
Por último decirle a nuestro amigo Ñango que la policía ya lo está buscando por los incidentes causados en el departamento de Rocha. El "Shesquero" Martínez aún no ha entendido bien que su cuerpo es una brasa ardiendo y al muy cómico se le ha dado por pasearse por La Esmeralda, Punta del Diablo y La Coronilla, dejando un reguero de pólvora (literalmente hablando).
¡Llamarada, por favor, un bañito por el bien del turismo!
Bueno, aunque no puedo creer que esté escribiendo esto en ENERO!!!, tarea cumplida. O más o menos.
Nos vemos…
Un problema interno
Vale esta última Zona Roja no sólo para despedir el año que ha pasado, que por cierto no ha sido nada malo para nuestro club, sino también para felicitar a la eterna banda que año a año, ha sabido homenajear a su querida institución en esas maratónicas jornadas de rugby, fútbol, hamburguesas y birra.
Porque si bien el esfuerzo es de todo un club, se ve reflejado en esas pequeñas cosas que cada uno de nosotros realiza inconscientemente. Inconsciente como la corrida de Pesce, que en su intento de desbordar a Luis, se olvidó que pesa cerca de 100 kilos, que su entrenamiento diario consta de tres cajas de Marlboro y que la pesa que tuvo más cerca, fue la de la Pastería cuando encarga las tres toneladas de ravioles para su cumpleaños. Y este muchacho, jugando con su corazón, casi infarta al intentar desbordar a Luis, que si bien uno lo ve parado ahí enfrente lo primero que piensa es "este gorila gordo no me puede agarrar", pero Pesce, por favor, tengamos un poco más de respeto hacia nuestro capitán.
O ver la cara de los niños deslumbrados ante el eterno amague de Andresito Mercader, originario de David Campese en el mundial del 91, y que tiene la misma efectividad que la dieta de la Luna en el Chivo. Pero pese a esto, y a varios golpes que se ha sabido comer este año, Andresito insiste y seguirá insistiendo en lo que es un amague patentado en el Uruguay.
O cómo no deslumbrarse ante un hecho que ni el centro de Estudios Biológicos de Massachusets, ni el Departamento de Investigaciones Paranormales de la NASA han podido comprender en su entera dimensión: Iván jugando al fútbol. Muchos dirán que si no fuera blanco, bien podía ser O.J. Morales. Otros sostienen que de no ser porque los doctores no detectaron un rabo, bien podría ser un perro. Pero sólo el Interno de Pucarú, y esto habría que reconsiderarlo para futuros eventos, ha permitido que Iván juegue al fútbol, si se le puede denominar "jugar al fútbol", a correr a tras de la pelota, como si esta fuese una gran trufa (esta es una teoría que se sostiene de por qué Iván corre con tanta vehemencia tras el balón).
O poder ver como Di Maio, busca tirar una pared con el Colo Arroyo, pudiendo ser más factible, antes de que esta jugada salga a la perfección, que el propio Ceibal Regules titule algún día: "Los de Champa son una manga de cagones" (hecho corroborado fehacientemente por nuestra institución).
O poder entender cómo en el cuerpecito del pequeño asador, puede entrar tanto alimento, sin ser expulsado por alguna de sus cavidades, siendo sabido por todos que una de éstas (la de atrás) es de extensibles dimensiones.
Y siguiendo con esta columna a la que rebautizo "Mierda para todos lados", decir que Los Ramos, en ese fenómeno que son los mellizos en el fútbol, lejos están de ser similares a los Barros Schelotto, y si mucho más cercanos a los mellizos Miqueiro, aquellos perritos que jugaban en la punta del legendario Progreso.
Y nada más. Que la cerveza fue muy poca. Que siguiendo con la promesa mantenida días antes del interno, me estoy terminado con lo que queda de ese exquisito beberaje. Y que felicito a quien, en el más puro de los silencios, meo dentro de la pileta, mientras la gilada se tiraba de bombita en una piscina que, extrañamente, se encontraba calentita (Lucas, el único cerdo que puede hacer eso sos vos).
Y muy feliz navidad!!! Que Papá Noel les traiga sus regalos y a mi me traiga a sus hermanas.
Saludos y ha sido un placer haber compartido este año (un placer para mi, pero sobretodo para sus hermanas)
Hasta el año que viene…
Aguante el Puca (y sus hermanas)
PD. Revelo mi identidad en esta última columna… Soy Loprete (el chico: el de la navaja, no el de la 45)
El paquetito de Navidad
Esta reseña, para quienes se atrevan a leerla, no habla de momentos felices ni juergas descomunales, sino que refiere a una anécdota de lo más chocante, rayando la propia denigración humana. Las Navidades se acercan y el último encuentro que convoca a toda la gente del club es el ya conocido asado al mediodía del día 24 de diciembre. O mejor dicho, convocaba.
Esta era una tradición que solíamos compartir desde chicos, dedicando las mejores horas del 24 a deleitarnos con un buen asado, o ahogándonos en una Gijonesa, en el caso del negro Saccone. No había quien no bromease sanamente con las bombitas de agua, que en nuestro club siempre fueron rellenadas con un chorrito de meo. Pero la realidad mostraba a un grupo alegre, pese haber mamado todo el año en lo deportivo, y con la misma algarabía de quien hubiese ganado la Ellis Cup.
Pero entre tanta alegría, hubo una tarde que lo cambió todo, y que marcó el declive de una tradición que esperemos, por el bien de nuestro club, no nos lleve a lo más bajo de las relaciones humanas. Trago saliva, borro esas imágenes de mi cabeza y recuerdo...
... Ese año habíamos decidido ir a festejar al mercado del Puerto. El ambiente no era tan pesado como lo es ahora, ya que los jóvenes solíamos divertirnos de otras maneras. Nos sentamos en una larga mesa, y comenzamos a comer a diestra y siniestra, como sólo suele hacer nuestro grupete de maleducados con pocos modales, parando sólo para dejar pasar los vasos llenos de medio y medio, que se llevarán el bolo alimenticio hasta el fondo del estómago, al tiempo que el tenedor (o la misma mano en algunos casos: Juan Menchaca, Chivo, Gordo Manuel) deja entrar otro pedazo de carne más grande que el anterior. Como en las pesas, cada cuatro series de estas, se respiraban 30 segundos.
Esto nos llevó rápidamente a un estado no sólo de saciedad inconmensurada, sino a un estado etílico propio de las fiestas. En un acto de lucidez, poco común entre este grupo, y aprovechando el tremendo día que nos regalaba el Señor -para los cristianos- o Sai Baba - para el gordo budista Mauri-, nos fuimos con la firme intención de pegarnos un chapuzón en la conocida Estacada.
Quiso Dios (o Sai Baba), conociendo el deplorable hecho que nos acontecería, que la camioneta de Pino se quedase sin nafta. Otros no tan religiosos, sostienen que Dios (o Sai Baba) no tienen nada que ver en esto, y si nos quedamos sin nafta, se debió al borracho del Ñango que se había quedado sin dinero. Lo cierto es que el destino nos puso una prueba para que no fuésemos a darnos ese baño. Pero la idea estaba fija en todos...
Al llegar a la Estacada, Manimal Saccone, se transformó en perro y fue corriendo hasta el agua, saltando de roca en roca y lambeteando en las piscinitas naturales que entre ellas se formaban. él fue el primero en tirarse. Seguido fue Santi Manso, quien se sacó su traje Armani de playa, lo dobló prolijamente, se quitó sus sandalias Gucci, con las que el perro Saccone jugaría más tarde, y se zambulló al agua con un estilo único. Más de uno manifestó una erección.
Pero el problema llegó seguido a esto. Fue cuando el Chancleta Ferrari, sin tener short de baño, decidió sacarse la bermuda de gabardina para zambullirse en calzones al agua. Todos lo animamos en un principio, sin imaginar lo que abajo se escondía. Cuando el Petiso Hijodeputa ese se quitó la bermuda, pudimos ver un calzón slip, amarillo cremita a rayas, sin casi elástico, que se le caía al poco dotado Ferrari.
La Estacada atiborrada de gente, comenzó a vaciarse. Nosotros, nos dimos media vuelta y emprendimos la vuelta a la camioneta. El enano, feliz como pocos, seguía chapoteando en el agua haciendo esfuerzos para no perder el calzón e inevitablemente mostrando la raya de su orto.
Desde aquella tarde, ya nada fue igual. Nótese que en el vestuario nadie mira fijamente a Ferrari mientras se cambia. El shock fue tal que aún no hemos podido recuperarnos. Y quien sabe si lo lograremos.
Arenal Grande
"Arena y sol, y el mar azul", cantaba Marta Sánchez cuando apenas teníamos quince años y descubríamos que aquellas perfectas esferas en el cuerpo de esa blonda gallega eran lo que el mundo denominaba como tetas, y lograban una extraña sensación en quien hasta entonces sólo había servido para orinar arbolitos. Unos chiquillos que a la vez que descubrían éstas y otras cosas más de la Madre Naturaleza, comenzaban una tradición en el club de la Puta Madre: el Seven Playa.
No muchos recordarán que el primero de estos eventos se realizó en La Paloma. En aquel entonces, conducidos como siempre por el joven Sebastián Piñeyrúa, la horda de delincuentes se trasladó al balneario de Rocha para dar comienzo a una tradición que cumplió este 2004, su octava edición. Para quedarnos aquellos días en La Paloma, se nos alquiló una cabañita para dos personas, donde supimos dormir cerca de veinticinco bodoques. Tiempos de duro trabajo pero tiempos también de aprendizaje, cuando Ñango tomó un volante por primera vez en su vida y condujo ebrio por la ciudad turística, sufriendo la primera manifestación de un Parkinson que le duraría hasta el día de la fecha, y que en aquel entonces, le sirvió para recolectar los retrovisores de los autos estacionados en la avenida principal.
Fue ese el puntapié a una seguidilla de varios Seven Playa que se han sucedido año a año, y donde supieron pisar la arena jugadores de la talla del propio Gordo Tome (talla XXXXXXL), hasta otros chabones porteños que este año no pudieron venir porque tenían un partido contra unos de verde (llámese Federico Martín Aramburu, Hernán Senillosa o Lucas Ostiglia).
Pero nuestros Seven Playa son mucho más que rugby, siempre fueron diversión asegurada para el espectador: lo demostraron así, en esta última edición, jugadores como Iván Puy o Diego Bascou, que con sus cómicas actuaciones divirtieron a grandes y chicos. (Muchas gracias a los dos, que no sólo se preocupan de divertirnos sábado a sábado, sino que lo hacen en sus tiempos libres y delante de varias personas. Hagan oídos sordos a quien les diga que son unas peras, todos sabemos que lo hicieron por gusto, para que la gente se divierta con sus payasadas).
Y para finalizar, pero no menos importante, recordar que en estas ocho ediciones, el Seven Playa ha sido siempre, y antes que nada, glamour… JET SET.Y prueba de esto fue aquel verano en Punta del Este donde paso a relatar una experiencia personal que me lleva a este punto.
Iba motivado yo por las fotos de tapa de Carola del Bianco en la Revista Caras, directo hacia el baño a hacer justicia por mano propia a aquella exquisita modelo. Comprendamos que era un chiquillo con mis hormonas al sol, y en vistas de que las mujeres puntaesteñas lejos estaban de ser aquellas mujeres que yo solía frecuentar en Balbec, me seduje ante la posibilidad de pasar unos minutos con Carola. Mientras me acomodaba para ejecutar mi labor, recuerdo haber visto una foto en la revista más vendida del jet set argentino que no sólo hizo que mi "amigo" cayera noqueado, sino que me instó abrazarme al water y hacer arcadas… En aquella revista, pegada a una foto donde ValeriaMazza muestra su chalet de verano en Manantiales y La Olla, aparecía el culo pelado del Gordo Chivo revolcado en la arena de Montoya, mientras disputaba un partido de seven. Una imagen que vale más que mil palabras (y que vale más de mil dólares, y que estoy dispuesto a pagar a quien la tenga).
Y un seven con años, que otro año más ha sabido regalar buen rugby a Montevideo.
Gracias a todos los que estuvieron.
Nota de Autor: Esta mañana pasé por la Rambla y el Ñango seguía hablando por el micrófono, en la tarima del evento, haciendo el ridículo como es su costumbre. Al hijo de puta que le sigue llevando cerveza y se está cagando de la risa a costas de nuestro querido beodo, que por favor la corte. Todo tiene un límite (menos la capacidad alcohólica del Ñango).
LA TRADICIÓN DE UN CLUB
Sol, rugby y una rubia
El aire comienza a cambiar su temperatura. Las nubes desaparecen para dar paso a un sol que nos obliga a quitarnos la remera (Bacho, vos mejor dejátela puesta), ponernos los shorts de baño y observar cómo las muchachas cada vez andan con menos ropas. Todo esto indica una sola cosa.... se acerca el interno de Pucarú.
Desde tiempos remotos, la troupe de Punta Carretas ha hecho de este evento un día festivo, donde el mejor rugby se combina con el peor alcohol. Recuerdo aquella tarde, cuando en cancha de Reyes, gurisitos de no más de 15 años, se prendieron de la craquelada color ámbar, cual recién nacido al pecho de su madre. Un cordero yacía en la parrilla, volcado boca abajo, con su culito parado, dorándose por las brasas que iban dejando su piel tostadita. Ahora que recuerdo aquel animalejo, entiendo la necesidad que sentía nuestro amigo El Bagual de poder voltearse a un bicho en tales condiciones, a tal punto de que hubo que frenarlo entre diez personas para que aquel muchacho de campo no cometiese necrofilia con aquel cerdito. Pero el gran problema no era ese. Entre partido y partido, la camada 79-80 decidió apartar los bidones con agua (y cal), para sustituirlo por las conocidas botellas de Sandy Mac. Allí, cuando el sol pega directamente en la sien, se podían observar las diferentes reacciones provocadas por el consumo de alcohol (en cantidades industriales) en mezcla con el sol y el rugby. Al tiempo de que Don Reyes nos hacía cuentos, logrando el efecto de quien intenta hacer dormir a un niñito, el más chiquitín de nosotros, que en aquella época auspiciaba de apertura, exhibía sus genitales a las novias de los jugadores de reserva del club, haciendo no sólo gala de sus propiedades naturales, sino también de una enfermedad mental que se acentuaría con el tiempo. Por orto lado, un niño morocho, de gran pelaje y al que muchas veces hicimos bajar del ómnibus creyendo que era uno de los bichicomes del lugar, no le aflojaba al trago, explicando las causas de lo que sería, a posteriori, la gran piñata protagonizada por el club entero. A Pino no se le había ocurrido mejor idea que esa misma tarde de interno, nuestra categoría jugase un amistoso con la gente del Francés. El estado de los qiunce titulares era calamitoso. Vale recalcar esta afirmación, porque cuando uno habla de calamitosidades, nunca se espera algo parecido a lo que fue aquella tarde. Creo que no habían pasado ni dos minutos de partido, cuando el Negrito "Ze Pequeño" Saccone, largo una generala digna de Titanes en el Ring. Al tiempo que el flaco Brito del Pino tumbaba muñecos, el gordo Tomé aprovechaba para darse otra vuelta por la parrilla, al Pino le salían sus primeras canas verdes, Santi Manso se comía alguna minita y Oscar seguía en su juego morbo-exhibicionista, el causante de la debacle, haciendo gala de esas piernas de futboler que Dios le dio, malambeaba en la cabeza de un rival. El partido terminó antes de lo previsto, ya que el juez Juca había perdido uno de sus hombros y exhortó a todos los que estábamos en aquel predio a buscárselo. La tarde se fue tan rápido coma la craquelada color ámbar (¿o era yo que me quedé dormido?) y uno año más pasó para nuestro club. Ese fue el comienzo de una tradición que se repite año a año, el Interno, donde gracias a Dios, la gente ha madurado y se ha tomado las cosas con más responsabilidad.
Eso sí, aún no hemos podido lograr que Oscar no se pasee en pelotas por las canchas, con su entrañable amigo Felipe colgando.
PUCARÚ VUELVE A HACER PANTALLA
Teletubbies
El webmaster, tan incisivo como gordo, ha sabido remarcarme en estos días que me encontraba en falta para con el público que visita esta página, ya que no he hecho entrega del reporte diario de anécdotas. En la noche de ayer, tras una nueva llamada del responsable del sitio (en tono de amenaza), me dispuse a escribir algo. Con las pelotas hasta el piso y sin ideas sobre qué relatar, pensé en encontrar alguna idea en la televisión que me allanase el difícil camino hacia la creatividad.
Fue entonces, mientras hacía zapping por los canales, cuando decidí hacer de esta columna no una historia más, sino un panfleto de denuncia.
Creí que el tema había terminado con la ida al Show del Mediodía. Sinceramente, el ver al "Pajarito" concursando por ganar una batidora de mano o un chancho, creí que había servido de lección. Pero al parecer no, la gente no sólo se conforma con la auto denigración, sino que se siente en el deber de hundir a todo un club con ellos.
Para esos vivos que disfrutan de exponer a un club entero ante las cámaras del programa de Humberto de Vargas (con ese nombre doy uno de los motivos por los cuales no se debería haber ido), quiero enumerarles los problemas que en otra ocasión causó el ver en la pantalla chica al "Pajarito" junto a Cacho de la Cruz, quien bautizó (en un intento fallido de hacer humor, como todos los suyos) a nuestro querido club como: "Pocaluz". Luego de ese domingo, donde el Uruguay entero vio al Pajarito en el Show del Mediodía:
- Ñango se intentó prender fuego, no soportando la vergüenza de los rivales dentro de una cancha.
- Emiliano Capurro tuvo que emigrar a Europa y trabajar como travestido, para no ser reconocido en el viejo continente.
- Francisco Pesce fue echado de su trabajo y consiguió laburo armando páginas web desde algún sótano de casas viejas. Cada tanto se tiene que mudar para que las risas no lo persigan. (Sí, es un okupa)
- A Danielito Queijo le siguen viniendo, hasta el día de hoy, ataques de pánico causados por el shockante momento vivido hace unos años.
- El Canario Juan Pedro se decidió hacer apicultor, no porque el negocio de la miel de resultado (el canario bruto ni sabe lo que da ganancias o pérdidas), sino para usar ese traje y no ser reconocido.
- El Rocco se alistó en la Naval, en lo que denomina "una guerra personal" con todo aquel se ha burlado de él.
- Al peluquero de Joaquín Morerira le vino el mal de Parkinson.
- A Oscar se le dio por la bebida (¿o fue varios años antes eso?)
- El Chivo comenzó a comer y aún no ha parado.
- El gordo Mauri se transformó al budismo….
Y otras miles de desgracias más que tuvieron que superar cada uno de los jugadores con años de terapia…
Y pregunto yo: ¿para qué? Para que nuestro capitán (Luis Ara) y sub-capìtán (Sebastián Ramos) aparezcan dando pena en las lanchitas del Parque Rodó ante miles de espectadores (y ni siquiera ganaron). ¿Para qué? Para que vean que en vez de estar laburando o entrenando, se pasean por el Parque un día soleado, jugando al gusano loco!! ¡¡ Qué pretenden!!??? ¡¡¿¿Pretenden llegar a un mundial de Rugby o concursar en el Juego de la Oca?!!! No se llega a un mundial yendo al Mambo ni comiendo algodones de azúcar… Se llega entrenando y tomando aminoácidos.
(Ojo!! También vi al gordo Gastón y al flaco Brito del Pino, pero de ellos prefiero no comentar nada por una cuestión de tamaño, en vistas de que mi anonimato no es tan seguro como lo pensé.)
Nuevamente un club ha sido víctima del egoísmo de unos pocos. Quien sabe las repercusiones que pueda acarrear esto. Dios quiera que no nos perjudique en demasía.
A Joaco e Ivo, decirles que cuentan con todo nuestro apoyo en estos difíciles momentos. Tener que entrenar con semejante camada de salames debe ser un verdadero Desafío al Corazón. ¡¡Fuerza!!
HEIDILIANO CAPURRO: DEL CAMPO A LA CIUDAD
El día que apagaron la luz...
Un leve mareo fue lo primero que sintió. Luego el dolor fue penetrando en su cabeza y de golpe se vio tendido en el piso. Gateando como pudo se acercó al árbol más cercano y se recostó para hacer un repaso de lo que había sido su vida...
En "Bechunión" no era un niño feliz. Cuando todos sus amigos se interesaban por ordeñar vaquitas o esquilar ovejas; él, a los nueve añitos, ya comenzaba a dar paseos por recónditos lugares de la ciudad y solía adentrarse principalmente en esas casitas que tenían una lucecita roja en la puerta y donde vivían mujeres pobres que no tenían ni para vestirse. Instinto natural, le llaman unos; amor al arte, le dicen otros, lo cierto era que, a los trece añitos, Heidiliano Capurro, era el Isidorito Cañones de Bechunión.
Igualmente, un día supo que ese pueblo no era para él, y juntó coraje y algunos mangos para venirse a la capital. Al llegar a este gran mundo supo que su destino estaría en las grandes urbes (y en las grandes ubres también, puesto que en segiuda se puso de novia con una muchachita de tales mamas que, si no me falla la memoria, fue premiada en la Criolla del Prado de ese año).
Para mantenerse comenzó a trabajar en el reparto de escolares. A los pocos meses, los niños que a diario viajaban con él, habían aprendido más cosas que en la escuela. Con sólo cuatro añitos, ayudaban a las nenitas a subir a la camioneta del "Tío Purro" (así se hacía llamar) para mirarles la bombachita, saludaban con besito a las mamitas de sus compañeras (un besito que dejaba babita), y eran los principales mediadores en el levante que nuestro Chofer estaba haciendo con las maestras de Prescolar.
Eso fue durante un tiempo, pero como buen visionario, supo que el futuro estaba en la tecnología y las comunicaciones, y comenzó a trabajar para Movicom en la venta de celulares. Cualquiera hubiese pensado que se metió en el despiadado negocio de las multinacionales, pero él, integro de cuerpo y alma, no dejó de ser el muchacho solidario que había llegado desde Artigas.
Cuenta una anécdota sobre la bondad de Heidiliano, cuando una noche, de las más frías de un crudo invierno, supo darle un techo a una pobre muchacha que esperaba el ómnibus en la Rambla y Propios a eso de las 4.00 am. Al parecer ella esperaba el 200, pero venía completo, con lo que nuestro buen samaritano se ofreció a llevarla a la Sede del Club para que pudiese pasar la noche allí (en la camilla de pecho inclinado, según atestiguan las fuentes de este escritor). Heidiliano la notó preocupada, y en otro acto de benevolencia, le regaló un celular para que llamara a su casita, ya que no tenía dinero para que se fuese en taxi, pero lamentablemente éste no funcionaba.
En lo que respecta al rugby, en el club supo conocer el desarrollo de las grandes ciudades. Lo que más impactó a Heidiliano fueron los ascensores "Perla", en los que supo viajar cuando jugamos en Christian. Más adelante, conoció la bella España de la que se quedaría enamorado y a la que volvería años después.
En las canchas, Heidiliano, era un verdadero toro. Un toro, hasta el día que ocurrió la desgracia y volvió a ser un ternerito. Fue un partido contra Old Boys y veníamos, como era nuestro deber en el primer año, comiéndonos flor de carro. En el cuadro rival jugaba uno de los señores más grandes que supo parir nuestro rugby: el Sr. (me pongo de pie) Quicho Bado. Y las circunstancias de la vida quisieron que se encontraran la carita de nuestro buen Heidiliano, con el puño de este Goliat. Fue en un ruck cuando de pronto, una mano de Don Bado (que vale decir que sirvió de molde para hacer la que está enterrada en una playa de Punta del Este) conectó en la sien de nuestro amigo, generando un desorden mental con más gravedad aún que el que puede causar un shock eléctrico.
Como pudo, el buen Heidiliano se levantó suavemente, caminó unos pasos para que luego sus piernas se vencieran. Gateó, entonces, hasta un árbol que había allí cerca, se recostó y se dedicó a pensar, en todos estos años... y en todos los que vendrían.
Allí, fue que pensó en su pasado y soñó su futuro. Soñó no pisar nunca más una cancha de rugby. Soñó en conocer el mundo. Y soñó en ser Aladino y estar rodeado de bellas odaliscas que lo mimasen y sirviesen. Hoy, quienes lo conocemos y queremos mucho, estamos felices de que todos esos sueños se le hayan vuelto realidad.
De traje... dia.
Se me pidió para esta ocasión que relate alguna anécdota de las tantas fiestas que ha sabido brindar nuestro querido club. Lamentablemente, tanto yo como mis fuentes, no somos de suma fiabilidad para la recolección de datos, principalmente porque para esta labor se requiere de una gran memoria, elemento que hemos sabido perder en pos de consagrar espectaculares mamúas.
Pero sí recuerdo una fiesta en especial. En aquel entonces, junto a Sebastián Piñeyrúa, dirigía la categoría una gran persona que pasó por nuestro club: el amigo Marcel. Aquel muchacho, de veintipico de años, felizmente se iba a casar y no tuvo mejor idea que invitar a sus dirigidos a la fiesta (pese a las recomendaciones de Pino).
Así fue que de trajecito y peinados a la gomina, como muñequitos de torta, fue la Sub-15 de PUCARÚ a la búsqueda de lo que a la postre sería uno de sus más grandes papelones jamás contados. Amotinados 25 adolescentes en la combi del Pino, llegamos a la Chacra Lacrosse. Allí nos ubicaron en unas mesas más cerca de la cocina que de la fiesta, por el temor a llegar a arruinar aquella coqueta velada. (Error:Nunca coloques a veinticinco niños desquiciados cerca de la bebida alcohólica, es como darle un revólver a un mono.)
No pasaron ni treinta minutos de llegados que el Chivo ya había ido a vomitar tres veces; los centros de mesa, perfectamente logrados con frutas y verduras, eran las armas de una guerra de comida que se disputaba de una mesa a otra; y Pedro Lanza gateaba por debajo de las mesas en busca de un gato que según él, en caso de agarrarlo, sería arrojado a la pileta.
Pino, observando que la situación se estaba yendo de las manos, decidió sacarnos afuera a bailar, y de paso despejarnos. (Error II: ¿qué hacen veinticinco adolescentes con sus alborotadas hormonas cuando no hay ni una chica alrededor? Rompen cosas) La única muchacha de la fiesta, prima del homenajeado, había caído perdidamente enamorada en los ojos de nuestro entonces apertura: un buen mozo muchachitititititito, que lo que no tenía en altura lo tenía en sonrisa; y que el tiempo supo hacer de él un ejemplo vivo de la técnica del chante.
Pero la situación no había terminado ahí. Habíamos otros veinticuatro jovenzuelos que no teníamos nada divertido para hacer. Los amantes de la naturaleza, como nuestro amigo Kako Escardó y Martín Cerchiari, se dedicaron a recolectar las ranas de la piscina y arrojarlas al medio de la pista de baile para estudiar el comportamiento humano en semejantes circusntancias. Otros en cambio, buscamos la diversión en el conocido juego de dardos. Eso sí, no había ni tablero ni dardos, con lo que tomábamos vasos vacíos y los arrojábamos a que revienten contra los árboles.
Dos y cuarto de la mañana, casi de las orejas, el dueño de la fiesta y Pino nos metían en la Combi como sardinas enlatadas, como forma amable de despedirnos. Algunos desvergonzados, como el Huevo Beadulló y Sebastián Chiqui Alvariño, reclamaban el postre “que les correspondía” desde la ventanilla de la camioneta.
Marcel faltó ese martes a práctica. Y el jueves siguiente. Y la otra semana. Y el mes. Y el año…
De la azotea: vida y obra de Eric Ditman
La entrega de la semana pasada derivó en varios comentarios que me hacen aclarar el tema de una vez y para siempre. La gente quedó asombrada por la desquiciada actitud de nuestro amigo Rocco, pero vale poner en claro, que personajes con tales patologías, abundaron y abundan en nuestro club.
Sin ir más lejos, y presentando uno de los casos más interesantes, y preocupantes también, se encuentra el de Eric Ditman. Eric, para quienes no tuvieron el gusto, fue un ala de no más de 1.60 de altura y de no menos de 1.60 de espalda. Para empezar a describir y explicarnos el por qué de tal estado mental, podemos decir, y en parte sabríamos comprender el resto de la vida del pobre Eric, que fue uno de los discípulos de Iván Puy.
Ya desde pequeño el niño Eric demostraba grandes aptitudes para el rugby, desarrollando una herramienta en defensa que luego sería bautizada como: el tackle "lo-rompo-o-me-rompo". El mismo, como lo explica de cierto modo su apelativo, refiere a una técnica desarrollada y creada por el propio Eric, alentada por la única neurona de Iván, en la cual el joven Eric tomaba carrera de unos cincuenta metros en el cual buscaba desarrollar máxima velocidad y estando a dos metros del rival, se lanzaba en una palomita a la boca del estómago del rival, no estrellando sus hombros, sino utilizando su cabeza como arma de golpe. La técnica, utilizada especialmente en la salida de cada partido, debemos decirlo, no contaba con mucho éxito. En la mayoría de los casos, el rival daba un paso al costado y el niño Eric pasaba expreso, cual Superman, aterrizando de boca en el pasto. Otras veces, el vuelo de Eric iba perdiendo altura y en vez de estrellar en el estómago, su cabeza se daba de lleno con la rodilla del rival, lo ue derivaba en la consecuente pérdida de conocimiento.
Y aquí comenzaba otro problema que agudizaba la ya crítica situación mental de nuestro amigo Eric. Era muy común que el niño Ditman abandonase la cancha por problemas de pérdida de conocimiento. Estudios realizados aseguran que muchas veces, luego del golpe recibido, Eric creía encontrarse en plena guerra de Vietnam. Era por ello que mientras era retirado del campo de juego, él mirase a sus compañeros de equipo con extraña desconfianza, sin reconocerlos. Los doctores coincidían en que Eric, en esos momentos, estaba convencido de que estaba siendo capturado por vietnamitas que lo llevaban a una prisión (las gradas del terreno de juego). Una vez "enjaulado", Eric rompía en un llanto y por eso sus compañeros de equipo no sabían como reaccionar.
Investigaciones realizadas por nuestro equipo periodístico, nos llevaron a concluir que el trance de Eric duraba, a veces, varios días. En este reportaje, un ex compañero de rugby de Eric, Joaquín Moreira (el del pelo de playmóbil), nos relata una extraña situación que vivió junto a nuestro personaje y que confirma nuestra hipótesis.
"Salíamos de la sede vieja del club. Íbamos caminando por Brito del Pino, porque siempre nos íbamos juntos porque vivíamos relativamente cerca. Yo llevaba una pelota de rugby en la mano. En esa época siempre tenía una pelota de rugby encima, porque estaba tratando de batir mi récord de tener una pelota en mis manos más de veinte segundos sin que se me caiga. Un sueño que tenía de niño.
Lo cierto es que, en determinado momento, Eric me pide que le preste la pelota. Yo estaba concentrado en la ovalada, y le dijo que no me jodiera, que estaba practicando que no se me caiga. Él insistió. Yo ya iba once segundos y mis manos comenzaban a temblar...
- No Eric, no me rompas las bolas...
- Dale Cabeza!!!
- No Eric, dejáte de joder !!!
Estábamos ya en Avda. Brasil, cuando en ese momento fue que lo sentí. Levanto la mirada de la pelota y veo venir un puño cerrado hacia mí. De pronto estoy en el suelo mirando el cielo. Eric me saca la pelota, llorando, y cuelga la pelota de un zapatazo en medio de la calle. Los autos empiezan a tocar bocina. El tránsito se frena y Eric, descontrolado, comienza a picar por el medio de Avda. Brasil, a contramano, a toda velocidad, como si fuera Forrest Gump."
Estudiosos de diferentes partes del mundo han llegado a nuestro país para ver este caso y aún no han encontrado respuestas exactas. Unos atribuyen su estado a los golpes recibidos en cancha, otros a los productos para pesas y otros dicen que es genético. Pero la gran mayoría de los expertos, no dudan en señalar a Iván.
Asesino por naturaleza
Año 1994. La delegación Sub 15 del Punta Carretas Rugby emprende, junto al equipo de Reserva de ese mismo club, su primer viaje internacional. El destino: Bahía Blanca.
El viaje suponía más de 24 horas de viaje en ómnibus, lo que daba mucho espacio para las bromas. Y fue precisamente en una de estas chanzas cuando se reveló la personalidad escondida de un niño, con alma de asesino y mente de psicópata: Rodrigo "Rocco" Sabini.
El pequeño Rodrigo eligió el último asiento del ómnibus y puso su mochila en sus pies. Allí, en la oscuridad de ómnibus observaba sigilosamente, mientras su mente carburaba: "Ehhhh (grito parecido al de una gárgola), a mi estos putos de mierda no me van a bautizar". El temor de Rodrigo, al igual que el del joven plantel de Sub 15, era que los mayores del club hiciesen lo que se venía comentando desde la salida del ómnibus: el bautismo del condón en el orto.
Ya en terreno argentino, el viaje se había hecho cansador para ambos planteles. Tanto los niños de Sub 15, como los mayores de la Reserva estaban aburridos. Estos últimos fueron los que decidieron comenzar una broma pesada a los niños, sin contar con que uno de ellos, pichón de militar nazi, reaccionaría de forma inesperada.
Fue así que un grupo de jugadores de reserva, decidió ir al fondo del ómnibus a comenzar a amedrentar a los niños con el bautismo. El primer candidato sería Pedro Lanza, un pequeño demonio que venía haciendo del viaje de los mayores una verdadera pesadilla. Uno de los hombres, avanzó hasta el niño Lanza con un condón inflado en su mano, al grito de "Empezó el Bautismo!!!".
Nadie vio cual fue el movimiento exacto que realizó Rodrigo. Se movió entre las sombras como un fantasma asesino. Lo cierto era que en ese momento se encontraba tirando de la cabeza de quien llevaba el condón, mientras que con su mano izquierda mantenía una navaja que apretaba la yugular del hombre. Rodrigo había tomado de rehén al líder de los bautizantes y exigía que se retiraran hacia la parte de adelante del ómnibus, o "lo voy a achurar!!! ¡¡Acá no van a bautizar a nadie!!!", fueron sus palabras.
Tanto hombres como niños quedaron sumergidos en el más hondo de los terrores. Nadie pronunciaba palabra alguna. Cualquier movimiento terminaría con la vida de aquel pobre hombre, que tan sólo iba a hacer una broma, a manos de un niño desquiciado que había decidido llevar a su viaje de rugby una navaja para defensa personal. El filo se hundía en la piel del hombre quien en voz baja emitía una plegaria. Fue así que los otros mayores retrocedieron. Cuando se hallaron lejos, Rodrigo soltó a su rehén que corrió por el pasillo hasta su asiento.
Los compañeros de Rodrigo se quedaron mudos. Nadie quería provocar la ira de aquel ser, de quince años, con un instinto asesino natural y un desequilibrio mental nunca antes imaginado. Todos contemplaron sus próximos pasos. Rodrigo llegó a su asiento, sacó una botella y se tomó un sorbo de licor de menta. También sacó un tupper de su bolso, que tenia un Flan entero y se lo comió. Luego pronunció las palabras: "me comí un flan".
El viaje continuó en silencio, con Rodrigo agazapado en el último asiento, como una sombra expectante, con la navaja lista para volver a atacar.
Diez años después...
Rodrigo lleva una doble vida. De día es amigo de niñitas de once años a las que ayuda con sus clases de ballet. De noche es un marino que ha navegado los siete mares en el sucio negocio del contrabando y a quien se lo acusa de la muerte de varios yugoslavos en diferentes crímenes pasionales.
Hay quienes lo vieron jugar partidos de rugby con una navaja en sus medias.
Otros lo vieron orinarse sus manos.
Y otros tantos afirman haberlo visto hacer cerdadas en las playas de Parque del Plata.
Nadie sabe la verdad.
Y nunca nadie la sabrá.
La leyenda del técnico sin cabeza
El único pecado de Francisco era haber nacido rápido y alto. En realidad, su mayor problema era haber nacido en el 81. Corrijo, en realidad, su mayor problema fue haber elegido ir a jugar a Pucarú, sabiendo que había nacido en el 81 y teniendo como condiciones ser alto y rápido.
Cuando vio a su técnico por primera vez, aquel muñeco de nieve con vida, supo que las cosas no serían fáciles para él. No se sabía si se trataba de un demente del rugby o si era un entrenador que revolucionaría el concepto del juego. Su nombre era Iván Puy, y haría de él, Francisco, el primer jugador de rugby forward - back: un concepto que el propio Iván bautizó como forwback.
La nueva idea se divulgó por los ambientes más recónditos del rugby e incluso llegó a las altas esferas de la IRB. ¿Quién era este tal Iván Puy? ¿Dónde había adquirido tales conocimientos? ¿En qué basaba su estrategia para hacer que un jugador sea forward y back al mismo tiempo? ¿Era un loco o un demente? ¿Por qué se peinaba el hopito de esa forma?
Todas estas eran preguntas que las autoridades de la IRB se hacían. La prensa le pidió declaraciones al revolucionario entrenador, el cual se limitó a decir : ¡¡No, no y no... No es así!! Y se enfrascó en una discusión con el periodista que continúan manteniendo hasta el día de hoy.
Pero la hora de la verdad sólo se podía ver en un lugar, el terreno de juego. Sólo había una forma de comprobar si este nuevo concepto rugbístico de forwback era realmente efectivo. Y esa prueba la iba a demostrar Iván Puy en el Valentín Martínez, torneo de reconocida trayectoria que vinculaba a los mejores clubes de inferiores de América, y que ese año, recibió a las autoridades de la IRB de forma especial.
Iván sabía que este era su gran examen, y su carta para pasarlo era el pequeño Francisco.
Ese sábado primaveral, la cancha grande del Carrasco Polo estaba ardiendo de gente. No se disputaba ninguna final, ni jugaba la selección, sino que era el partido en el cual el revolucionario Ivan iba a mostrar su invento que cambiaría el concepto del rugby: su forwback.
Comenzó el partido con una salida de Pucarú, que recepciona el apertura rival, y devuelve dejando un line out para el conjunto dirigido por Puy. En ese momento, el joven Francisco que estaba jugando de fullback, mira a su técnico y ve que éste le envía una señal, haciendo un movimiento como asintiendo con la cabeza. Una imagen que perdurará en la historia de los deportes y que más tarde tomará el director de Karate Kid y la aplicará en su película, cuando el amanerado Daniel Sam se dispone a dar su patada de la Grulla. (cabe acotar que las similitudes no son casuales ya que en ese momento, en Pucarú, jugaba un segunda línea apodado La Grulla)
Hecha la señal por Puy, el equipo de Pucarú se dispone a realizar su "Grulla" para aniquilar al rival. Los forwards forman el line de una manera inusual, todos se agachan tomándose de las rodillas y mirando al hooker. El equipo contrario se siente despistado, ya que no entendían la jugada... " No había saltador!!!"
En eso, se ve llegar del fondo una ráfaga a toda velocidad. Era el joven Francisco que abandonaba su posición de Fullback e ingresaba al line out. El juez, anodadado por tanta payasada junta, se olvidó de pitar y permitió que siguiese el juego. Francisco cacheteó ese line dejando la pelota en manos del medioscrum que de forma veloz, habilitaba su juego al apertura del equipo. La jugada consistía en que el apertura aplicase un doble salteo a sus centros, para que el fullback, que ahora se encontraba bajando del line y corriendo hacia su puesto original, entrase como los bomberos.
Francisco nunca llegó a su posición inicial.
Este fue el fin de su carrera.
En la tribuna se oyeron las risas de la gente durante un tiempo, pero un grito ahogado resonó en el estadio callando a la multitud:
¡¡¡No, no, no.... no es así!!!!
Nota al pie: Algunos de estos hechos fueron alterados para configurar este relato. Lamentablemente, los hechos alterados son los menos trascendentes. Esta barbaridad ocurrió una vez en nuestro club.
Nota del Webmaster: Yo me llamo Francisco pero no nací en el 81, y mucho menos soy alto y rápido. (Por las dudas, para evitar confusiones)
Pedirle una cancha a los Reyes
El niño Juani Tomé Massi había sido un buen alumno aquel tercero de liceo. Tenía ocho exámenes que dar en febrero, si es que finalmente le aceptaban el falso carnet que lo exoneraba de Educación Física por problemas psico-mortices, pero en el fondo había sido bueno.
Igualmente, aquel 5 de enero, había rezado al borde de su cama para que su sueño se hiciese realidad. Él y su grupete de amigos, tenían un club de rugby al cual le faltaba algo para poder mejorar. Mejor dicho, le faltaba todo para poder mejorar, pero entre esas cosas se encontraba lo que nuestro amigo Juani había pedido de regalo a los Reyes: una cancha de rugby.
El niño Juani dejó sus zapatitos al borde de la cama, juntó pastito de la rambla (el mismo que ahora nos falta paa entrenar) para los camellos, llenó un bidón de agua que una vez se afanó de Old Boys (un bidón de la concha de la lora, con opción a agua caliente, tibia, café con leche, una Bud, etc), y puso un platito con galletitas, para que los Reyes y sus camellos comieran. Al rato de acostarse, se levantó y se mandó las galletas que hacía menos de un minuto había puesto en el plato y que no lo dejaban dormir.
Al llegar marzo, constató que su regalo de Reyes había llegado finalmente al Club. La cancha que había pedido era un hecho.El entrenador del club dijo: "Muchachos, este fin de semana jugamos de locales". La algarabía de los chiqiullos era tan que algunos festejaron con un asado, con cerveza y putas. (Y parece ser que siguen festejando hasta el día de hoy). El niño Juani comentó a sus compañeros que fue él quien había pedido una cancha a los Reyes y mostró orgulloso su carta. Al instante, sus compañeros gritaron: "Tres Urras por Tomé Massi!!!" "Hip Hip Urra!!!".
El domingo a la mañana, todos los niños ansiosos esperaban el momento de conoer su nuevo campo de juego. El viaje se hizo largo. Más de lo esperado. Pasaron por una feria que vendía de todo, desde verduras hasta tapas de water y finalmente, llegaron al lugar. "La cancha de los Reyes!!!!", gritó Juani.
Efectivamente, era la cancha de la familia Reyes: el patio de una casa ubicada en la concha de la madre, con una vaca parada justo abajo de los palos (buscando sombra) y diez perros chiguagua, con sarna, piojos y liendres correteando en las veinticino yardas. A lo lejos, se divisó la figura de un viejo. Ese señor, luego de cada partido relataría la misma historia a los niños de Pucarú, quienes no tenían más remedio que sentarse a sus pies a escuchar tres horas del rugby uruguayo de los años veinte. Sobrevivientes atestiguan que era peor que una mesa redonda entre Luis, Pino e Iván. Todo intento de escapatoria a las charlas eran frustrados por esa manada de chiguaguas..
A lo lejos del ómnibus se escuchó un grito: "Morta al gordo de mierda!!!!"
Y luego, un grito para el chofer: "Juan, por abajo de los palos!!!!"
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